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PORTADA
QUIÉN
ERA PLUTARCO?
VIDAS PARALELAS
Los personajes
1. Teseo & Rómulo
2. Licurgo & Numa
Pompilio
3. Solón & Publícola
4. Temístocles &
Camilo
5. Pericles & Fabio
Máximo
6. Coriolano & Alcibíades
7. Emilio Paulo & Timoleón
8. Pelópidas & Marcelo
9. Arístides & Catón
10. Filopemen & Tito
11. Pirro & Cayo
Mario
12. Lisandro & Sila
13. Cimón & Lúculo
14. Nicias & Craso
15. Alejandro & Julio
César
16. Agesilao & Pompeyo
17. Sertorio & Eumenes
18. Foción & Catón
el Joven
19. Agis y Cleómenes
& Tiberio y Gaio
Graco
20. Demóstenes &
Cicerón
21. Demetrio & Antonio
22. Dión & Bruto
23. Artajerjes y Arato
& Galba y Otón
SOLÓN
I. Dídimo el Gramático, en su comentario contra Asclepíades de las tablas de Solón, trae el aserto de cierto Filocles en que se da a Euforión por padre de Solón, contra el sentir común de todos cuantos han hecho mención de este legislador, porque todos a una voz dicen que fue hijo de Execéstidas, varón que en la hacienda y poder sólo gozaba de una medianía entre sus ciudadanos; pero de una casa muy principal en linaje, por cuanto descendía de Codro. De la madre de Solón refiere Heraclides Póntico que era prima de la de Pisístrato; y al principio hubo gran amistad entre los dos por el parentesco y por la buena disposición y belleza, estando enamorado Solón de Pisístrato, según la relación de algunos. Por esta razón probablemente cuando más adelante se suscitó diferencia entre ambos acerca de las cosas públicas, nunca la enemistad produjo grandes desazones, sino que duró en sus almas aquella primera inclinación, la cual mantuvo la memoria y cariño antiguo, como llama todavía viva de un gran fuego. Por otra parte, que Solón no se dominaba en punto a inclinaciones desordenadas, ni era fuerte para contrarrestar al amor como con mano de atleta, puede muy bien colegirse de sus poemas, y de la ley que hizo prohibiendo a los esclavos el usar de ungüentos y el requerir de amores a los jóvenes, pues parece que puso ésta entre las honestas y loables inclinaciones, y que con repeler de ella a los indignos convidaba a los que no tenía por tales. Dícese también de Pisístrato que tuvo amores con Carmo, y que consagró en la Academia la estatua del Amor, donde toman el fuego los que corren el hacha sagrada.
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PERICLES
I. Viendo César en Roma
ciertos forasteros ricos que se complacían en tomar y llevar en
brazos perritos y monitos pequeños, les preguntó, según parece,
si las mujeres en su tierra no parían niños; reprendiendo por
este término, de una manera verdaderamente imperatoria, a los
que la inclinación natural que hay en nosotros al amor y afecto
familiar, debiéndose a solos los hombres, la trasladan a las bestias.
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Departamento de Filología Clásica. Universidad de Salamanca
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OVIDIO
Clásico Romano autor de Ars Amandi
POLIBIO
El historiador más prestigioso de la antigüedad
SOFOCLES
Poeta y padre del Teatro Clásico
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TESEO
I. Acostumbran los historiadores ¡oh Sosio
Seneción!, cuando en la descripción de los países
hay puntos de que no tienen conocimiento, suprimir éstos
en la carta, poniendo en los últimos extremos de ella esta
advertencia: de aquí adelante no hay sino arenales faltos
de agua y silvestres, o pantanos impenetrables, o hielos como
los de la Escitia, o un mar cuajado. Pues a este modo, habiendo
yo de escribir estas vidas comparadas, en las que se tocan tiempos
a que la atinada crítica y la historia no alcanzan, acerca
de ellos me estará muy bien prevenir igualmente: de aquí
arriba no hay más que sucesos prodigiosos y trágicos,
materia propia de poetas y mitólogos, en la que no se encuentra
certeza ni seguridad. Y habiendo escrito del legislador Licurgo
y del rey Numa, me parece que no será fuera de propósito
subir hasta Rómulo, pues que tanto nos acercamos a su tiempo;
pero examinando, para decirlo con Esquilo, ¿Quién
tendrá compañía a esta lumbrera? ¿Con
quién se le compara? ¿Quién le iguala? he
creído que el que ilustró a la brillante y celebrada
Atenas podría muy bien compararse y correr parejas con
el fundador de la invicta y esclarecida Roma. Haré por
que, purificado en mi narración lo fabuloso, tome forma
de historia; mas si hubiere alguna parte que obstinadamente se
resistiese a la probabilidad y no se prestase a hacer unión
con lo verosímil, necesitaremos en cuanto a ella de lectores
benignos y que no desdeñen el estudio de las antigüedades.
II. Paréceme, pues, que Teseo hace juego con Rómulo
por muchas notas de semejanza: por ser uno y otro, de origen ilegítimo
y oscuro, hubo fama de que eran hijos de dioses; Invictos ambos:
lo sabemos todos; y que al valor reunían la prudencia.
De las dos más celebradas ciudades, el uno fundó
a Roma, y el otro dio gobierno a Atenas: concurre también
en los dos el rapto de mujeres; y ni uno ni otro evitaron el infortunio
y disgusto en las cosas domésticas, habiendo incurrido
al fin, según se dice, en el odio de sus conciudadanos,
si las relaciones que corren fuera de las tragedias pueden servir
de algún apoyo a la verdad.
III. El linaje de Teseo por su padre sube a Erecteo y a los primeros
autóctones, y por la madre era de los Pelópidas:
porque Pélope no menos que por su gran riqueza fue por
su larga descendencia señalado entre los reyes del Peloponeso,
habiendo casado muchas hijas con los varones más principales
y repartido muchos hijos para regir diversos pueblos. Fue Piteo
uno de éstos, abuelo de Teseo, el cual, aunque le tocó
una ciudad no muy populosa, como Trecene, tuvo, sin embargo, mayor
nombre que todos de entendido y de muy sabio para su edad. Y a
lo que se conjetura, la clase e importancia de su saber tenía
analogía con el saber sentencioso que tanta opinión
dio a Hesíodo en su poema Obras y días. Una de las
sentencias de este poema se dice que es de Piteo, y es ésta:
Paga al amigo el precio conveniente; lo que refiere también
el filósofo Aristóteles; y Eurípides, llamando
a Hipólito alumno del respetable Piteo, manifiesta bien
claramente la opinión en que éste era tenido. Hallábase,
pues, Egeo sin hijos, y se dice que la Pitia le anunció
aquel tan sabido oráculo, en que le prevenía no
se ayuntase a mujer antes de hacer viaje a Atenas; aunque no parece
lo expresó con mucha claridad: así, yendo de allí
a Trecene, confirió con Piteo el anuncio del dios, que
era en esta forma: Del odre el pie que sale no desates ¡oh
magno vencedor de las naciones! sin que al pueblo de Atenas vayas
antes. Ignórase qué es lo que Piteo le aconsejó,
o cómo le embaucó para que se ayuntase con Etra.
Ayuntóse, y llegando a entender que era con la hija de
Piteo con quien había tenido que ver, sospechoso de que
podía estar encinta, le dejó un alfanje y unos coturnos,
escondiéndolos debajo de una gran piedra, que tenía
un hueco hecho a medida para que allí se custodiasen. Revelóselo,
pues, a sola ella; prevínole que si diese a luz hijo varón,
y creciendo en edad tuviese fuerza para remover la piedra y recoger
las alhajas depositadas, se le enviase con ellas sin comunicarlo
con nadie, y antes ocultándolo cuanto pudiese de todo el
mundo; y es que tenía gran temor a los Palántidas
que le armaban asechanzas y le despreciaban a causa de carecer
de hijos, siendo cincuenta los que Palante había tenido:
y hecho aquel encargo, se puso en camino.
IV. Fue, pues, hijo el que Etra dio a luz, y algunos dicen que
desde luego se le dio el nombre de Teseo, tomado de la postura
de aquellos indicios, que en griego es Tesis; mas otros dicen
que no le tuvo sino más adelante en Atenas por haber sido
adoptado de Egeo. Educado al lado de Piteo, tuvo por ayo y maestro
a Cónidas, al que hasta este nuestro tiempo ofrecen un
carnero los Atenienses en uno de los días de las fiestas
de Teseo, teniéndole en memoria y reverencia, con harta
más razón que a Silanión y Parrasio, pintor
y escultor de los retratos de Teseo.
V. Era entonces costumbre que los que salían de la edad
pueril fuesen a Delfos y consagrasen a Apolo en primicia su cabellera;
pasó a Delfos, Teseo, y dicen que el lugar de la ceremonia
de él se llama hasta el día de hoy Teseia. Afeitóse
solamente la parte anterior de la cabeza como de los Abántidas
lo refiere Homero, y este modo de afeitarse también por
él se llamó Teseide. Fueron los Abantes los primeros
que así se trasquilaron: no por haberlo aprendido de los
Árabes, como creen algunos, ni por imitar a los de Misia,
sino a causa de que eran guerreros amigos de combatir de cerca,
e inclinados más que otros algunos a venir a las manos
con los contrarios, según que en estos versos lo atestigua
también Arquíloco: No en el tender del arco, o de
las hondas en el crujir frecuente, se señalan; sino en
el campo, cuando el crudo Marte para herir con el hierro más
se ensaña: que en esta lucha los gloriosos hijos de la
Eubea prez ilustre alcanzan: trasquílanse, por tanto, para
no dar a los enemigos el asidero de los cabellos. Y con esta misma
idea se dice que Alejandro de Macedonia dio orden a sus generales
para que hiciesen rasurar las barbas a los Macedonios, porque
eran para los contrarios una presa que les estaba muy a la mano.
VI. Etra tuvo siempre oculto el verdadero origen de Teseo, y
Piteo había esparcido la voz de que Neptuno la había
hecho madre: porque los Trecenios dan particular culto a Neptuno,
siendo éste su dios tutelar, al que ofrecen las primicias
de los frutos, y teniendo el tridente por la principal insignia
de sus monedas. Como ya desde niño hubiese dado muestras
de reunir con la fuerza y robustez del cuerpo el juicio y la prudencia,
llevándole consigo Etra al sitio de la piedra y descubriéndole
la verdad acerca de su nacimiento, le mandó recoger las
alhajas paternas y encaminarse a Atenas. Levantó y abrió
la piedra con gran facilidad; pero a que se embarcase para Atenas
no pudo reducírsele, sin embargo de la seguridad de la
ruta, y de que la madre y el abuelo se lo rogaron, a causa de
que era expuesto hacer por tierra aquel viaje, no habiendo parte
alguna del camino libre y sin peligro de ladrones y de facinerosos.
Porque aquella época fue fecunda en hombres de aventajadas
e infatigables fuerzas para los trabajos manuales, y de grandísima
ligereza de pies; pero que en nada moderado o provechoso empleaban
estas dotes, sino que se complacían en la violencia, abusaban
con crueldad y aspereza de su poder, y si aspiraban a dominar,
era para sujetar y destruir cuanto se les ponía por delante;
pareciéndoles que la modestia, la justicia, la igualdad
y la humanidad no estaban en ninguna manera bien a los que más
podían, pues que si todos los otros hombres las alaban,
es por falta de atrevimiento para injuriar y por miedo de ser
injuriados. De éstos Heracles había deshecho y destruido
a algunos en los lugares por donde pasaba; y otros, huyendo y
escondiéndose mientras se hallaba presente, se habían
salvado en la oscuridad; más después que Heracles
cayó en la desgracia, y habiendo dado muerte a Ífito
pasó a la Lidia, y allí por largo tiempo estuvo
en la sujeción de Ónfala, pagando así la
pena de aquel homicidio, en Lidia se disfrutó de mucha
paz y quietud. Pero en la Grecia de nuevo brotaron y se extendieron
las iniquidades, no habiendo ninguno que las cortase o contuviese:
así que era arriesgado el viaje para los que por tierra
caminaban a Atenas desde el Peloponeso; y Piteo, refiriendo quién
era cada uno de aquellos ladrones y forajidos, y cuáles
sus mañas para con los pasajeros, persuadía a Teseo
que caminase por mar. Mas a éste ya de antiguo le abrasaba
la fama de la virtud de Heracles; hablaba frecuentemente de él
y oía con ansia a los que le pintaban sus hazañas,
mayormente a los que le habían visto y habían estado
presentes a sus discursos y sus hechos. Sucedióle entonces
muy a las claras lo que largo tiempo adelante sucedió,
y decía de sí Temístocles, que el trofeo
de Milcíades no le dejaba dormir; pues de la propia manera,
admirado éste de la virtud de Heracles, de noche soñaba
en sus acciones, y de día le agitaba y electrizaba el anhelo,
que siempre revolvía en su ánimo, de igualarle.
VII. Concurría también por caso que participaban
del mismo linaje, siendo hijos de primas: porque Etra era hija
de Piteo, y Alcmena de Lusídica; y ésta y Piteo
hermanos, como hijos de Pélope e Hipodamia: parecíale,
por tanto, cosa repugnante e insufrible que aquel, discurriendo
por todas partes, purgase la tierra y el mar, y que él
esquivase las contiendas que ante los pies se le ofrecían,
afrentando de este modo, con huir por mar, al que por voz y fama
era su padre, y al que lo era en verdad, con llevarle, como indicios
para ser reconocido, los coturnos y un alfanje no teñido
en sangre, en vez de hacer patente con obras la excelencia de
su legítimo nacimiento. Con este espíritu y estas
consideraciones se puso en camino, resuelto a no ofender por su
parte a nadie; mas sí a castigar las violencias que se
le presentasen.
VIII.- Y en primer lugar, en el Epidauro, a Perifetes, que usaba
por arma de una maza, y por ésta era apellidado Corinetes,
porque le fue a echar mano para estorbarle ir más adelante,
le dio muerte; y alegre con la maza, la hizo también su
arma, y siempre andaba con ella, al modo que Heracles con la piel
de león: y así como en éste era aquel adorno
una demostración de cuál era la fiera de que había
triunfado, de la misma manera la maza significaba en Teseo que
la había vencido, y que en su mano era invencible. En el
Istmo, a Sinis Pitnocampte le quitó la vida por el mismo
término que él se había deshecho de muchos,
sin embargo de que no lo había aprendido ni ejercitado,
demostrando así que la virtud natural se aventaja a todo
estudio y arte. Tenía Sinis una hija ya grande y hermosa
llamada Periguna, en busca de la cual fue Teseo, porque había
huido, sucedida la muerte del padre. Habíase ella retirado
a un lugar poblado de mucho matorral de estebas y esparragueras;
y allí, necia y puerilmente, como si estas cosas tuviesen
sentido, les hacía voto con juramento de que nunca las
rozaría ni quemaría si la salvaban y escondían;
más habiéndola descubierto Teseo, y dándole
palabra de que tendría cuidado de ella y en nada la ofendería,
salió de allí, y ayuntada con Teseo, fue madre de
Melanipo; pero después casó con Dioneo el de Eurito
Ecaliense, por disposición del mismo Teseo. De Melanipo
el de Teseo fue hijo Ioxo, el que con Órnito concurrió
al establecimiento de la colonia que pasó a la Caria, de
donde éstos se llamaron Ióxides, y han conservado
la costumbre patria de no quemar las matas de esparraguera y de
esteba, sino más bien tenerlas en honor y veneración.
IX. Pues la cerda Cromionia, a la que llamaban la Faia, no era
una fiera poco temible, sino furiosa y difícil de vencer,
y con todo, saliendo del camino para que no pareciese que todo
lo hacía por verse estrechado, la sobrecogió y dio
muerte: porque además era de opinión que el varón
virtuoso respecto de los hombres malos debía esperar a
ser acometido, y entonces irse a ellos para vengarse; mas con
las fieras los varones generosos conviene que se les anticipen
y corran el riesgo de combatirlas de este modo. Con todo, otros
dicen que la llamada Faia era mujer mala, ladrona y matadora,
residente en Cromión, a la que se le daba la denominación
de Cerda por sus costumbres y su vida, y que ésta fue la
que murió a manos de Teseo.
X. En los confines de Megara dio muerte, estrellándolo
con las piedras, a Escirón, que según algunos robaba
a los pasajeros; pero otros dicen que por malignidad y antojo
presentaba a los forasteros los pies para que se los lavasen,
y que dándoles en este acto de puntapiés los lanzaba
al mar. Mas los escritores megarenses, luchando con el tiempo
antiguo, según expresión de Simónides, se
empeñan en contrarrestar esta mala fama y sostienen que
Escirón, lejos de ser ladrón y malhechor, fue más
bien azote de ladrones y amigo y allegado de los hombres justos
y buenos. Porque Éaco es reputado por el más recto
de los Griegos: a Cicreas el de Salamina se le tributan en Atenas
honores divinos, y nadie hay que desconozca la virtud de Peleo
y Telamón; pues Escirón fue yerno de Cicreas, suegro
de Éaco y abuelo de Peleo y Telamón, nacidos de
Endeida, hija de Escirón y Caricle; y no parece creíble
que con hombre tan perverso habían de haber querido contraer
deudo unos varones tan virtuosos, dando y recibiendo las prendas
que más se quieren y estiman. Dicen, por tanto, que no
fue en su primer viaje a Atenas, sino más adelante, cuando
Teseo tomó a Eleusis, poseída por los de Mégara,
sojuzgando a Diocles que la regía y dando muerte a Escirón:
tal es la diversidad de opiniones que hay en este punto.
XI. En Eleusis quitó la vida de Cerción luchando
con él; y poco más adelante, en Hermíone,
a Damasta o Procrustes, precisándole, como él lo
ejecutaba con sus huéspedes, a quedar igual con su célebre
lecho. Hacía todo esto en imitación de Heracles,
porque también éste, defendiéndose por los
mismos medios con que se le armaban asechanzas, sacrificó
a Busiris, venció luchando a Anteo, dio fin en combate
singular de Cicno y mató de una cabezada a Termero; de
donde dicen viene el nombre de mal Termerio, porque tenía
la maña de matar a los que encontraba chocando con la cabeza.
A esta misma manera tomó por su cuenta Teseo castigar a
los malvados, haciéndoles sufrir las mismas violencias
que practicaban, y la justa pena de sus injusticias por los mismos
medios de que se valían.
XII. Siguiendo su camino, y llegado que hubo al Cefiso, le salieron
al paso algunos del linaje de los Fitálidas y le saludaron
los primeros; pidióles que le purificasen, y habiéndole
expiado según sus ritos, y hecho a los Dioses propiciatorio
sacrificio, le agasajaron en su casa, no habiendo sido antes recibido
humanamente por ningún otro en todo el camino; y se dice
que llegó a la ciudad el día octavo del mes Cronio,
que ahora llaman Hecatombeón. Entrando en ella, halló
las cosas públicas en confusión y desorden, y las
particulares de Egeo y su casa también en mal estado porque
Medea, refugiada allí de Corinto, había ofrecido
a Egeo remediarle con hierbas en la falta de hijos, y se había
ayuntado con él. Malicióse ella algo de Teseo, y
a Egeo, que nada conoció, y que por ser muy anciano y por
la sedición de todo se asustaba, le persuadió que,
convidando a Teseo como huésped, con un veneno se deshiciesen
de él. Fue Teseo al convite, y no le pareció oportuno
decir desde luego quién era, sino dar ocasión a
que aquel le reconociese; y como se hubiesen puesto carnes en
la mesa, desenvainó el alfanje en acto de irlas a partir;
y así fue como se manifestó. Advertido esto al punto
por Egeo, arrojó al suelo la taza del veneno, y asegurado
de que era su hijo, le saludó como tal, congregó
a los ciudadanos, y se lo dio a reconocer, recibiéndole
ellos de muy buena voluntad por su gran valor. Hay tradición
de que, derribada la taza, el veneno cayó donde está
ahora la verja en el Delfinio, porque la casa de Egeo venía
a estar allí; y el Hermes que está al oriente del
templo se dice el de las puertas de Egeo.
XIII. Hasta entonces los Palántidas habían estado
con la esperanza de alzarse con el reino, muriendo Egeo sin hijos;
pero declarado ya Teseo por sucesor, llevando muy a mal que ya
antes hubiese reinado Egeo, que fue adoptado por Pandión,
y ningún parentesco tenía con los Erecteidas, y
que en seguida reinase Teseo con ser forastero y advenedizo, les
movieron guerra; y repartiéndose, los unos con el padre
se encaminaron al descubierto desde Esfeta a la ciudad, mientras
los otros, ocultándose en Gargueto, se ponían en
celada para acometer por dos partes a los contrarios. Tenían
cerca de sí un heraldo llamado Leos, que era de Agnusia,
y éste dio parte a Teseo de lo que por los Palántidas
se disponía; con lo que, cayendo súbitamente sobre
los que estaban en celada, a todos los destrozó, y los
que estaban con Palante, con esta noticia se dispersaron. Es fama
que desde entonces no hay enlaces entre los del barrio de los
Polenios y los Agnusios, ni entre ellos hacen sus proclamas los
heraldos con la fórmula usual: oíd, Leos, esto es,
pueblo; porque aborrecen aquel nombre a causa de la traición
del que le llevaba.
XIV. Queriendo después Teseo estar ejercitado y juntamente
hacerse popular, se fue en busca del toro Maratonio, que hacía
grandes daños a los habitantes de Tetrápolis, y
habiéndole echado mano, lo presentó vivo, llevándolo
por la ciudad, y después lo sacrificó a Apolo Delfinio.
Por lo que hace a Hécala, y lo que de ella vulgarmente
se refiere de su hospedaje y recibimiento, parece que no del todo
carece de verdad; porque los pueblos del contorno reunidos ofrecían
el sacrificio Hecalesio a Júpiter Hecalio, y veneraban
a Hécala, llamándola cariñosamente Hecalita,
en conmemoración de que ella misma, siendo todavía
muy joven Teseo, le había hospedado, saludándole
blandamente como lo hacen los ancianos, y regalándole con
iguales caricias; y como al salir Teseo al combate hubiese hecho
voto por él a Júpiter de hacerle sacrificio si salía
salvo, y ella en tanto hubiese fallecido antes de su vuelta, recibió
el retorno de su buen hospedaje por orden de Teseo, según
lo refiere Filócoro.
XV. Poco más adelante vinieron por la tercera vez de Creta
los que cobraban el tributo. Sucedió que habiéndose
formado idea de que Androgeo había sido muerto a traición
en el Ática, Minos, por su parte, había hecho graves
daños a los habitantes moviéndoles guerra; y además
una fuerza superior había asolado aquella comarca, viniendo
sobre ella esterilidad y peste, y hasta los ríos se retiraron.
Ordenóles el oráculo que aplacasen a Minos y se
reconciliasen con él, que con esto se apaciguaría
la cólera divina y respirarían de sus males: enviáronle,
pues, mensajeros, e hiciéronle ruegos, y pactaron, según
que en ello convienen los más de los escritores, que por
nueve años le enviarían en tributo siete mancebos
y otras tantas doncellas. Llegados a Creta estos jóvenes,
las fábulas trágicas nos dan a entender que eran
en el Laberinto despedazados por el Minotauro, o que perdidos
en sus rodeos, y no pudiendo acertar con la salida, allí
perecían; y que el Minotauro era, como lo expresa Eurípides,
Monstruosa prole de biforme aspecto; y que había nacido
De toro y hombre con mezclados miembros.
XVI. Mas Filócoro dice que los Cretenses no admiten esta
narración, sino que dicen que el Laberinto era una fortaleza,
sin tener otra cosa de malo que el no poder los presos huir de
ella; y como Minos celebrase combates solemnes en memoria de Androgeo,
a los vencedores les entregaba por premio aquellos jóvenes,
custodiados hasta aquel punto en el Laberinto; y en los primeros
combates quedó vencedor un cretense, que tenía el
mayor valimiento con Minos y era su general, llamado Tauro, hombre
nada suave y blando de carácter, que trataba con altanería
y crueldad a los jóvenes Atenienses. El mismo Aristóteles,
hablando del gobierno de los Boteos, manifiesta bien claramente
no haber creído nunca que Minos hubiera dado muerte a aquellos
jóvenes, sino que hasta la vejez quedaron en Creta como
jornaleros. Ocurrió después que, cumpliendo los
Cretenses un voto antiguo, enviaron a Delfos las primicias de
los varones, y entonces pasaron allá también mezclados
los descendientes de aquellos; mas como no les fuese posible ganar
allí su vida, primero se trasladaron a Italia, y habitaron
hacia Iapigia; pero luego se encaminaron a la Tracia, y tomaron
el nombre de Boteos; de donde proviene que las doncellas boteas,
celebrando cierto sacrificio, entonan este cantar: Vámonos
a Atenas. Y en verdad que debió tenerse por muy expuesto
ponerse mal con una ciudad que tenía voz y letras; así
es que Minos siempre ha sido desacreditado y maltratado en los
teatros áticos, cuando no se detuvieron en llamarle, Hesíodo
muy regio, y Homero familiar del mismo Júpiter; pero tomándole
por su cuenta los compositores de tragedias, desde las tablas
y la escena le cubrieron de ignominia como hombre fiero y violento,
siendo así que, por otra parte, es comúnmente sabido
que Minos fue rey y legislador, y Radamanto juez y celador de
las rectas determinaciones de aquel.
XVII. Llegado, pues, el tiempo del tercer tributo, habiendo de
presentarse para la suerte los padres que tenían hijos
mancebos, se suscitó contra Egeo gran rumor entre los ciudadanos,
quejándose éstos y lamentándose de que, con
ser la causa de todo, sólo él en nada participaba
del castigo, y habiendo traído al mando a un joven bastardo
y extranjero, ninguna cuenta hacía de que a ellos les quitaba
sus hijos legítimos y los dejaba en orfandad. Incomodó
esto a Teseo, y no queriendo desentenderse de lo que era justo
para entrar a la parte con los ciudadanos en aquel infortunio,
voluntariamente se presentó, sin ser sorteado. Maravillosa
pareció esta resolución a todos, y mereció
aplausos su popularidad; y Egeo, cuando vio que ni por ruegos
ni por instancias pudo disuadirle o apartarle de aquel propósito,
sorteó los demás mancebos. Mas Helanico es de opinión
que no eran sorteados los jóvenes y las jóvenes
que la ciudad entregaba, sino que el mismo Minos pasaba allá
y los elegía, y que el primero eligió a Teseo conforme
al convenio; siendo lo convenido que los Atenienses darían
la nave; que embarcándose los mancebos con Minos, no llevarían
consigo ninguna arma de guerra, y que muerto el Minotauro, cesaría
la pena. En los principios, pues, ninguna esperanza de salud había;
por tanto, como en una calamidad manifiesta, ponían en
la nave vela negra; pero entonces, alentando Teseo a su padre,
y gloriándose de que había de sujetar al Minotauro,
dio el padre al comandante de la nave otra vela blanca, previniéndole
que a la vuelta, si Teseo regresaba salvo, enarbolase la vela
blanca, y si no, navegase con la negra, como indicio de su desgracia.
Simónides dice que la vela entregada por Egeo no fue blanca,
sino purpúrea, teñida con el jugo de una encina
que estaba en su mayor lozanía, y que ésta fue la
que dio por señal de volver con bien. Fue gobernador de
la nave Amarsíada Fereclo, según Simónides;
pero Filócoro dice que Teseo tomó por gobernador
en Salamina por dirección de Esciro, a Nausítoo,
y por comandante en la proa a Féaco, porque todavía
los Atenienses no se habían dado a las cosas de mar, y
acontecía ser uno de los mancebos un nieto de Esciro, llamado
Menestes. Concuerda con esto haberse puesto por Teseo en el Falero,
en el templo de Esciro, los monumentos de Nausítoo y Féaco;
y dícese también que la fiesta llamada Gubernesia
es a éstos a quienes se dedica.
XVIII. Hecho el sorteo, tomando Teseo consigo en el Pritaneo
a los sorteados, y pasando al Delfinio, hizo por ellos su ofrenda
a Apolo; siendo ésta un ramo del olivo sagrado, coronado
con una banderola de lana blanca; con lo que, hechas sus plegarias,
bajó al mar el día seis del mes Munuquión,
el mismo en que todavía van al Delfinio a hacer invocaciones
las doncellas. Refiérese también que de Delfos se
le ordenó por el dios que llamara a Venus a la parte en
el mando, y a que le hiciese compañía en la navegación;
y que haciéndole en el mar sacrificio de una res cabría,
que era hembra, se le convirtió por sí en macho
cabrío, y de aquí le viene a la diosa el apellidarse
Epitragia.
XIX. Arribado a Creta, según se escribe y canta por los
más, recibiendo de Ariadna, que de él se enamoró,
el hilo, e instruido de cómo se podía salir de los
rodeos del Laberinto, dio muerte al Minotauro, y regresó
trayendo consigo a Ariadna y a los mancebos. Ferecides añade
que Teseo desfondó las naves cretenses para estorbar que
le persiguiesen; y Demón refiere que fue muerto Tauro,
el general de Minos, en el puerto, combatiendo por mar con Teseo
a su llegada. Mas Filócoro nos dejó escrito que
celebrando Minos combate solemne, miraba con envidia que se tuviese
por cierto que Tauro había de vencerlos a todos; porque
aun a éste era odioso su poder a causa de su carácter,
y se le achacaba que: tenía amores con Pasifae, por lo
que, deseando luchar Teseo, vino en ello Minos. Era costumbre
en Creta que también las mujeres presenciasen los combates,
y asistiendo a éste Ariadna, se enamoró a la vista
de Teseo, y se maravilló al ver que los vencía a
todos. Contento también Minos con que hubiese vencido y
humillado a Tauro, entregó a Teseo los mancebos, y levantó
a la ciudad el tributo. Mas estas cosas las refiere de un modo
particular y con mayor extensión Cleidemo; y tomando el
origen de más arriba, dice que era estatuto común
de los Griegos que ninguna nave se había de dar al mar
por ningún caso con más de cinco hombres; y sólo
Jasón, que mandaba la nave Argo, podía navegar fuera
de esta regla para acabar con los piratas. Huyó Dédalo
de Creta a Atenas en un barco; y yendo Minos en su seguimiento
con buques mayores, en contravención de los estatutos,
fue por una tempestad arrojado a Sicilia, y allí terminó
su vida. Su hijo Deucalión, que no estaba bien con los
Atenienses, envió a pedir que le entregasen a Dédalo,
amenazando, si no, de dar muerte a los jóvenes que Minos
había recibido en rehenes. Teseo le respondió blandamente,
excusándose con que Dédalo era su primo y de su
mismo linaje, por ser su madre Mérope la de Erecteo; pero
trató de equipar armada, parte en el barrio de los Tumátidas,
lejos del camino público, y parte en Trecene, por medio
de Piteo, porque quería no se descubriese. Así,
cuando estuvo pronto, dio la vela, llevando a Dédalo y
los demás desterrados de Creta por caudillos, sin que nadie
tuviese de ello noticia, y antes imaginando los Cretenses que
eran naves amigas. Apoderóse del puerto, y pasó
prontamente a la ciudad de Gnoso, donde, trabando pelea a las
puertas del Laberinto, dio muerte a Deucalión y sus guardas.
Encargóse con esto de los negocios Ariadna, con la cual
hizo un tratado, por el que recibió los jóvenes
y se entabló amistad entre los de Creta y Atenas, con juramento
de no volver a la guerra.
XX. Acerca de estos sucesos y de Ariadna corren otras relaciones,
en las que nada hay de cierto ni averiguado: porque unos dicen
que con un lazo se quitó la vida, viéndose abandonada
de Teseo; y otros que, conducida a Naxos por los marineros, se
ayuntó con Ónaro, sacerdote de Baco, después
que Teseo la dejó por otro amor. De Egle Panopeide el amor
insufrible le aquejaba. Esto se decía en un verso de Hesíodo,
el que Hereas Megarense afirma haber sido suprimido por Pisístrato;
así como por el contrario añadido en el Nekia o
epicedio de Homero otro en esta sentencia: Teseo y Pirítoo,
ínclitos hijos de los sacros Dioses; lo uno y lo otro para
lisonjear a los Atenienses. Otros quieren que de Teseo hubiese
dado a luz Enopión y Estáfilo; y de este número
es Ion de Quío, el cual dice de su patria: Fundóla
Enopión, el de Teseo. Lo que en esta materia refieren como
más corriente los mitólogos, anda, como suele decirse,
en la boca de todos; pero Peón Amatusio hizo un tratado
particular, en el que cuenta que Teseo fue arrojado por la tempestad
a Chipre en ocasión que llevaba consigo a Ariadna, que
estaba encinta, la cual llegó en muy mal estado por la
navegación, y muy disgustada porque se la ponía
en tierra sola (puesto que Teseo se hubo de hacer de nuevo a la
mar en socorro del barco); que las mujeres del contorno se encargaron
de ella y la asistieron, hallándola muy desalentada por
verse sola, tanto, que fingieron cartas como que Teseo le escribía,
tomaron parte en sus dolores, y le dieron todo auxilio; mas al
fin murió y le dieron sepultura, sin que hubiese parido:
que sobreviniendo después Teseo, tomó gran sentimiento,
y entregando una suma a aquellos habitantes, les ordenó
que sacrificasen en honor de Ariadna, e hizo labrar dos idolitos,
uno de plata y otro de bronce; que en el sacrificio, que es en
el día 2 del mes Gorpieo, uno de los mancebos acostado
grita y remeda las mujeres que están con dolores de parto;
y finalmente, que los Amatusios al lugar en que muestran su sepulcro
le llaman la selva de Venus Ariadna. Algunos de Naxos hacen también
su particular historia, y dicen que hubo dos Minos y dos Ariadnas,
de las cuales una casó con Baco en Naxos, y de ella nació
Estáfilo; y la otra, más moderna robada por Teseo,
fue abandonada por él, y vino después a Naxos, y
con ella su nutriz, llamada Corcina, cuyo sepulcro se muestra
todavía; que también Ariadna murió allí,
y se le tributan honores, aunque no como a la primera, porque
a ésta se la festeja con alegría y con juegos, y
los sacrificios que se hacen a la segunda van mezclados con llanto
y con sollozos.
XXI. Dando la vela de Creta, navegó a Delos; y haciendo
sacrificio al dios, y colgando en su templo la señal amatoria
que recibió de Ariadna, danzó con los otros mancebos
un baile, el que se dice que todavía conservan los Delios,
y es una representación de los rodeos y salidas del Laberinto,
que se ejecuta a un cierto son con enlaces y desenlaces por aquella
forma; y a este género de baile, según Dicearco,
le llaman la Grulla. Danzóle Teseo alrededor del ara, dicha
Queratona, por haberse formado de astas, todas del lado siniestro.
Añaden que también celebró combates en Delos,
y que por la primera vez se dieron entonces por él palmas
a los vencedores.
XXII. Llegados a la vista del Ática, olvidósele
al mismo Teseo, y olvidóse también al comandante
enarbolar la vela blanca, con que habían de anunciar a
Egeo que tornaban salvos, por lo que, desesperanzado éste,
se arrojo de un precipicio y acabó consigo. Entrado en
el puerto Teseo, ofreció a los Dioses en Falero los sacrificios
que les había votado al embarcarse, y envió a la
ciudad un heraldo con la nueva de su feliz arribo. Encontró
éste a muchos haciendo duelo por la muerte del rey; pero
a los más, como era justo, muy alegres y dispuestos a regocijarse
con ellos, y ofrecerles coronas por su vuelta. Recibiendo, pues,
las coronas, adornó con ellas su caduceo, y volviendo al
mar cuando todavía Teseo no había hecho las libaciones,
se quedó a la parte de afuera, no queriendo impedir el
sacrificio; mas acabado éste, dio la nueva de la muerte
de Egeo, por lo que con llanto y aflicción se apresuraron
a subir a la ciudad. De aquí trae origen el que en las
fiestas oscoforias se adorna con corona, no el heraldo, sino el
caduceo, y que los circunstantes exclaman ¡ea! ¡ea!
¡ay! ¡ay! durante las libaciones; de los cuales gritos
en el uno suelen prorrumpir los que se apresuran o cantan victoria,
y el otro es de pasmo y aflicción. Habiendo dado sepultura
al padre, cumplió Teseo su voto a Apolo el día 7
del mes Paunepsion, porque en éste subieron salvos del
mar a la ciudad. La costumbre de cocer las legumbres en este día
dicen que se hace porque, salvos, recogieron lo que del rancho
había quedado, y lo cocieron en una misma olla, y lo comieron
juntos; y se lleva también enhiesta a Eiresíone
(esto es, el ramo de olivo adornado de vendas de lana), como se
hizo con la ofrenda, colgando de él las primicias de diversos
frutos, en señal de haber cesado en el Ática la
esterilidad, cantando estos versos: Llevas higos ¡oh ramo!
y huecas tortas; en escudilla miel, aceite rico; y para que en
beodez tu sueño duermas, en honda taza rebosante vino.
Aunque algunos dicen que estas ceremonias se hacen así
en memoria de los Heraclidas, que fueron de este modo mantenidos
por los Atenienses; pero los más las explican como se deja
dicho.
XXIII. La nave de treinta remos en que con los mancebos navegó
Teseo, y volvió salvo, la conservaron los Atenienses hasta
la edad de Demetrio Falereo, quitando la madera gastada y poniendo
y entretejiendo madera nueva; de manera que esto dio materia a
los filósofos para el argumento que llaman aumentativo,
y que sirve para los dos extremos, tomando por ejemplo esta nave,
y probando unos que era la misma, y otros que no lo era. Celébranse
las fiestas escoforias por institución de Teseo, con ocasión
de que no llevó consigo todas las doncellas sorteadas,
sino que, de entre los jóvenes sus amigos, a dos demasiado
tiernos y de aspecto femenil, aunque por otra parte de ánimos
valientes y arrojados, con baños calientes, con la vida
casera, y con los adobos y afeites de que usan las mujeres en
cuanto al cabello, la delgadez del cuerpo y el color, les hizo
tomar otra forma; y enseñándoles también
a tomar la voz, el aire y el andar de las mujeres, sin que nada
contrario se descubriese, los agregó al número de
las doncellas, no habiéndolo advertido nadie. A la vuelta
anduvo en pompa por la ciudad, llevando consigo a los mancebos
con el traje que ahora se visten los que llevan los ramos con
frutas, y los llevan en veneración de Baco y Ariadna para
seguir la fábula, o quizá más cierto, porque
la vuelta fue entrado el otoño; y las dipnóforas,
o sirvientas del banquete, se acercan y participan del sacrificio,
en imitación de las madres de los sorteados, que iban y
les llevaban pescados y otros manjares. Cuéntanse asimismo
fábulas, porque se dice que éstas entretenían
y alentaban con consejas a sus hijos: todo lo que refirió
también Demón. Erigiósele además un
templete, y determinó que, por las casas sujetas al tributo,
se le pagasen para el sacrificio ciertos réditos, quedando
encargado de éste los Fitálidas, en retorno de su
buen hospedaje.
XXIV. Después de la muerte de Egeo, concibió Teseo
una empresa grande y admirable, que fue la de reunir en una sola
ciudad a todos los que habitaban el Ática, haciéndoles
aparecer un mismo pueblo, siendo así que antes andaban
esparcidos, y daban muestras de no poder ser enlazados con el
vínculo de la utilidad común. Pues con todo de que
antes estaban tan discordes, y aun se hacían mutuamente
la guerra, yendo de unos en otros, los persuadió por barriadas
y por familias; y lo que es los particulares y los pobres cedieron
fácilmente a sus exhortaciones; pero a los de más
cuenta fue preciso proponerles un gobierno no monárquico,
sino popular, en el que a él no le quedase más que
el mando de la guerra y la custodia de las leyes, guardándose
igualdad en todo lo demás; y unos entraron en ello por
persuasión, y otros, temiendo su poder, que era grande,
y su resolución, tuvieron por mejor partido ceder, como
convencidos también, que ser obligados por la fuerza. Disolviendo,
pues, las presidencias y senados particulares, e instituyendo
una presidencia y un senado para todos, como ahora se practica,
a la ciudad la llamó Atenas y estableció también
el sacrificio común, llamado panatenea. Hizo asimismo el
sacrificio de la reunión, llamado metecias, en el día
diez y seis del mes Hecatombeón, que todavía se
celebra. Renunciando, por tanto, la autoridad real, como a ello
se había allanado, iba ordenando su gobierno, haciendo
principio por los Dioses; porque le vino de Delfos, consultado
el dios, este oráculo acerca de la ciudad: ¡Egeide
Tesco, procreado de la Piteide Etra! Mi alto padre a tu ciudad
la suerte ha vinculado y la prosperidad de mil ciudades. De ánimo
en los trabajos no decaigas, que, cual odre flotante, entero y
sano surcarás los mares. Que viene a ser lo mismo que,
según se dice, profetizó más adelante la
Sibila a la ciudad, diciendo: De odre a la semejanza te mojarás;
hundirte no es posible.
XXV. Deseando amplificar más la ciudad, admitía
a todos a la participación de los mismos derechos, y aquel
pregón solemne: Venid acá todos, oh pueblo, se dice
que es de Teseo, que se proponía establecer una junta general
de todos. Sin embargo, no dejó de considerar que de la
reunión y mezcla de la muchedumbre sin discernimiento resultaría
una democracia desordenada; así, fue el primero que formó
la distinción de patricios, labradores y artesanos, concediendo
a los patricios conocer acerca de las cosas divinas, que de ellos
se tomasen los Arcontes, y ser los maestros de las leyes y los
intérpretes de las cosas santas y sagradas; en lo demás,
le pareció que se guardaba la igualdad propuesta con que,
si los patricios sobresalían en razón de la opinión,
los labradores sobresalían en razón de la utilidad,
y los artesanos, en el número. De que fue el primero que
propendió a la muchedumbre, como se explica Aristóteles,
y desistió de reinar, parece que también Homero
nos da testimonio, no nombrando en el catálogo de las naves,
por lo respectivo a Atenas, más que al pueblo. Acuñó
asimismo moneda, grabando en ella un buey, o por el toro Maratonio,
o por el general de Minos, o por inclinar a los ciudadanos a la
agricultura; y de aquí se dice que vinieron los dichos
de: vale cien bueyes, vale diez bueyes. Habiendo agregado al Ática
con toda seguridad el territorio de Mégara, levantó
en el Istmo aquella celebrada columna, poniendo en dos trímetros
las inscripciones que notaban la división de los términos,
de las cuales la de la parte de oriente decía: No es ya
Poloponeso, sino Jonia; y la de occidente: Esto es Peloponeso,
no ya Jonia. Instituyó el primero combates solemnes, en
emulación de Heracles; aspirando a la honra de que así
como por aquel celebraban los griegos los juegos olímpicos
en honor de Júpiter, celebrasen por él los ístmicos,
en honor de Neptuno; pues la solemnidad establecida allí
antes en honor de Melicerte se celebraba de noche, y así,
más parecía iniciación que espectáculo
o concurso general. Algunos dicen que los juegos ístmicos
se establecieron en memoria de Escirón, viéndose
Teseo precisado a purificarse de su muerte, a causa del parentesco,
porque Escirón era hijo de Caneto y Heníoca la de
Piteo: mas otros dicen que lo era Sinis, y no éste, y que
por Sinis, y no por él, instituyó Teseo los juegos.
Dispuso igualmente, y contrató con los de Corinto, que
a los atenienses que concurriesen a los juegos se les habían
de poner asientos de precedencia en tanto terreno como el que
cubriese la vela de la nave de la Teoría, según
que así lo refieren Helanico y Andrón de Halicarnaso.
XXVI. Hizo viaje al Ponto Euxino, según Filócoro
y algunos otros, militando con Heracles contra las Amazonas, y
recibió a Antíope como premio de su valor; pero
los más, y entre los Ferecides y Helanico, y Herodoro,
dicen que fue más adelante cuando Teseo hizo esta navegación
con tropas de su mando, y tomó como cautiva a Antíope,
lo que es más verosímil, porque no se dice de ningún
otro que llevase cau- tiva una Amazona. Bión aun añade
que arteramente se apoderó de ésta, y luego se retiró,
porque, siendo las Amazonas por índole no desafectas a
los varones, no huyeron cuando Teseo se presentó en el
país, sino que más bien le enviaron presentes; pero
llamando éste, y atrayendo a la nave a la que los conduela,
luego que la recibió a bordo se hizo a la vela. Cierto
Menecrates, que dio a luz una historia de la ciudad de Nicea en
Bitinia, refiere que Teseo, teniendo ya en su poder a Antíope,
se detuvo en aquella comarca; y como diese la casualidad de que
sirviesen con él tres jóvenes de Atenas, hermanos,
llamados Euneo, Toante y Soloonte, éste se enamoró
de Antíope, lo que encubrió a los demás,
y sólo lo reveló a uno de sus amigos; hizo conversación
de ello con Antíope, la que desechó resueltamente
semejante propuesta; pero la llevó con prudencia y sosiego,
sin dar parte de ella a Teseo; mas Soloonte, cuando ya desesperó,
se echó en un río, y pereció, con lo que
Teseo vino en conocimiento de lo ocurrido con aquel joven y de
la causa de ello, haciéndosele muy sensible. Pensando en
este disgusto, trajo a la memoria cierto oráculo de la
Pitia de Delfos, por el que se le ordenaba que cuando en cierta
expedición estuviese demasiado triste y angustiado, fundase
allí una ciudad, dejando en ella por prefectos a algunos
de los que le acompañasen; de resultas de lo cual, a la
ciudad que fundó le dio el nombre de Pitópolis,
y al río próximo el de Soloonte, en honor de aquel
mancebo; y a sus hermanos los dejó, como quien dice, por
prefectos y legisladores, y con ellos también a Hermo,
de la clase de los patricios en Atenas; del que cierto sitio es
llamado casa de Hermes por los Pitopolitas, que malamente abrevian
la segunda silaba, y trasladan al dios el honor hecho al héroe.
XXVII. Y ésta fue la ocasión que tuvo la guerra
de las Amazonas, la cual fue obra ardua y más que de mujeres,
porque no hubieran tenido sus reales dentro de los muros, ni la
batalla se habría dado tan sobre nosotros, entre el Pnix
o Foro y el Museo, si para entrarse en la ciudad no hubieran antes
sojuzgado el país. El que atravesando el Bósforo
cimerio en el tiempo que estaba helado se hubiesen puesto de la
parte acá, como lo escribió Helánico, es
cosa que se resiste; pero que tuvieron sus reales en la ciudad
se confirma con los nombres mismos de los sitios, y con las sepulturas
de las que murieron. Por bastante tiempo hubo reparo y cuidado
en venir a las manos; pero, finalmente, Teseo, habiendo ofrecido
víctimas al Miedo, en cumplimiento de un oráculo,
las acometió; y la batalla se dio en el mes Boedromión,
en el que todavía los atenienses hacen los sacrificios
llamados Boedromios; y Cleidemo, queriendo dar cuenta menuda de
todo, refiere que la izquierda de las Amazonas se dirigió
hacia el sitio que todavía se llama el Amazonio, y por
la derecha, se encaminaron al Pnix, por la parte de Crisa; que
los atenienses vinieron a combatirlas desde el Museo, habiendo
sepulcros de las que murieron en las inmediaciones de la plaza,
que más allá del monumento de Calcodonte da a las
puertas llamadas ahora Piraicas; desde donde fueron éstos
rechazados hasta las Euménides, cediendo el campo a las
mujeres; pero que sobreviniendo después por el Paladio,
el Ardeto y el Liceo, arrollaron la derecha hasta los reales,
con muerte de muchas de ellas; y que al cuarto mes se hizo un
tratado por mediación de Hipólita, porque Cleidemo
llama Hipólita a aquella con quien había casado
Teseo, y no Antíope. Otros dicen que esta Amazona había
perecido peleando en compañía de Teseo, pasada por
Molpadia con una saeta, y que la columna que hay junto al templo
de la Tierra Olimpia puso en memoria de ésta: no siendo
de extrañar que sobre cosas tan antiguas ande vacilante
la historia, porque también se dice que las Amazonas heridas
fueron enviadas ocultamente por Antíope a Calcis, donde
hallaron auxilio, y que algunas fueron allí sepultadas
en el sitio que aún hoy se llama el Amazonio. De que la
guerra acabó con un tratado, dan testimonio la denominación
de un sitio junto al Teseón, que por el juramento se llama
Horcomosio, y el sacrificio que de antiguo antes de las fiestas
de Teseo se hace a las Amazonas. Los de Mégara enseñan
asimismo un sepulcro de Amazonas en su territorio, como se va
de la plaza al sitio llamado Rous; es un edificio en forma de
rombo. Dícese que en Queronea murieron otras y fueron sepultadas
junto al arroyo, que antes, según parece, se llamaba Termodonte,
y ahora Aimón; de lo que hemos tratado en la vida de Demóstenes.
Aun por la Tesalia se ve que no pasaron ociosas las Amazonas,
pues que se muestran también sepulcros de algunas hacia
Escotusia y las Cinocéfalas.
XXVIII. Y acerca de las Amazonas esto es lo que hay digno de
memoria, pues lo que escribió el poeta autor de la Teseida
sobre la sublevación de las Amazonas, haciendo que Antíope
se conmoviese contra Teseo porque se desposaba con Fedra, que
las Amazonas la vengasen, y Heracles las venciese, manifiestamente
tiene la traza de fábula y conseja. Muerta Antíope,
casó con Fedra, teniendo, en hijo de Antíope a Hipólito,
o, como dice Pindaro, a Demofoonte. Y por lo que hace a los infortunios
que por ésta y el hijo le sobrevinieron, como la historia
en nada contradice a las tragedias, hemos de suponer que pasaron
como todos los poetas los refieren.
XXIX. Corren todavía otras narraciones, que no han salido
a la escena, acerca de otros casamientos de Teseo, que ni tuvieron
justos principios ni felices fines: porque se cuenta que robó
a una doncella llamada Anajo, de Trecene, y que habiendo dado
muerte a Sinis y a Cerción, se ayuntó con las hijas
de éstos; que se casó con Peribea, madre de Áyax,
además con Ferebea, y con Iopa la de Íficles. Por
otra parte, el haberse enamorado de Ege la de Panopeo es la causa
que dan, como ya hemos dicho, para el abandono de Ariadna, tan
feo y tan injusto; y, finalmente, se habla del rapto de Helena,
que atrajo la guerra al Ática, y para el mismo Teseo terminó
en destierro y perdición, sobre lo que hablaremos luego.
En la edad aquella a los varones alentados se les ofrecieron muchas
ocasiones en que dar pruebas de su esfuerzo, y con todo es de
opinión Herodoro de que en ninguna tomó parte Teseo,
sino sólo con los Lapitas en la guerra contra los Centauros;
pero para eso otros dicen que aun con Jasón pasó
a Colcos, y con Meleagro intervino en la persecución del
jabalí; y de aquí el proverbio: No sin Teseo; que
éste, sin necesitar de nadie que le auxiliase, había
acaba- do muchos y señalados combates, y la expresión
otro Heracles se había hecho propia. Auxilió también
a Adrasto a recobrar los cadáveres de los que habían
muerto bajo el alcázar cadmeo, no como lo refiere Eurípides
en su tragedia, venciendo en batalla a los Tebanos, sino por medio
de la persuasión y de un tratado, porque así es
como lo cuentan los más, diciendo Filócoro que éste
fue el primer ejemplar de tratado hecho para recoger los cadáveres.
Con todo, en la vida de Heracles tenemos escrito haber sido éste
el primero que entregó los muertos a sus enemigos. Muéstranse
los sepulcros de los más en Eleuterias y de los jefes en
Eleusina; haciendo en este Teseo un obsequio a Adrasto. Concuerda
con la tragedia Las suplicantes, de Eurípides; la de los
Eleusinios, de Esquilo, en la que se introduce a Teseo haciendo
esta misma relación.
XXX. En cuanto a su amistad con Pirítoo, dícese
que se concilió de esta manera: tenía Teseo gran
renombre de fuerza y de valor; queriendo, pues, Pirítoo
tomar de ello conocimiento y probarle, se llevó de Maratón
los bueyes que aquel allí tenía; y sabiendo que
le perseguía armado, no huyó, sino que más
bien retrocedió, y le salió al encuentro. Luego
que estuvieron a la vista, cada uno admiró la belleza y
resolución del otro; trabaron sí combate; pero Pirítoo,
alargando el primero la mano, puso en la de Teseo que fuese juez
de aquel robo, porque de buena voluntad se sujetaría a
la pena que determinase. Teseo le remitió la pena, y le
brindó con ser su amigo y aliado; por lo que hicieron entre
sí amistad jurada. Casóse de allí a poco
Pirítoo con Deidamia, y convidó a Teseo a que asistiese,
reconociera aquella comarca, y se uniera con los Lapitas. Sucedió
que también fueron convidados al banquete los Centauros,
los cuales insolentándose en demasía, como después
ya acalorados con el vino se desmandasen con las mujeres, los
Lapitas se movieron a tomar venganza, y a unos dieron muerte,
y a otros, venciéndolos en batalla, al fin los arrojaron
del país, auxiliándoles y venciendo con ellos Teseo.
Herodoro dice que esto no pasó así, sino que encendida
ya la guerra Teseo acudió a auxiliar a los Lapitas; y entonces
por la primera vez conoció de vista a Heracles, habiendo
puesto por obra el ir a encontrarse con él cerca de Traquina,
cuando ya reposaba de sus peregrinaciones y trabajos, y habiéndose
hecho el encuentro con mucho honor y aprecio, y con grandes alabanzas
de una y otra parte. Mas, sin embargo, mayor asenso debe darse
a los que refieren que se habían juntado otras muchas veces,
y que la iniciación de Heracles se hizo a solicitud de
Teseo, y también la purificación que la precedió,
y se tuvo en aquel por necesaria, a causa de algunas acciones
inconsideradas.
XXXI. Siendo ya de cincuenta años, como dice Helánico,
tuvo lugar el robo de Helena, todavía pequeña; por
lo que algunos, para dar otro viso a ésta, que fue la más
grave de cuantas cosas en él se reprenden, dicen no haber
sido Teseo el que robó a Helena, sino que habiéndola
robado Idas y Linceo, y entregándosela en depósito,
la retuvo, y no quiso restituirla a los Dióscuros que la
reclamaban; o de otro modo, que entregándosela Tíndaro,
por temer a Enarsforo el de Hipocoonte, como por fuerza, se entregó
de Helena todavía niña; pero lo más verosímil
y confirmado con más testimonios es lo siguiente. Pasaron
ambos a Esparta, y robando a esta doncella a tiempo que ejecutaba
una danza en el templo de Ártemis Ortia, echaron a huir;
y como los que fueron enviados en su seguimiento no hubiesen llegado
sino poco más allá de Tegea, libres ya de miedo,
y traspuestos del Peloponeso, hicieron pacto de que aquel a quien
le tocase la suerte recibirla por mujer a Helena; pero éste
había de ayudar al otro a proporcionarse otra boda. Echadas
las suertes, conforme a este convenio, le tocó a Teseo,
y entregándose de aquella doncellita, que todavía
no estaba en sazón de casarse, la llevó a Afidnas,
donde, poniéndola al lado a su madre Etra, la entregó
a un Afidnense amigo suyo, encargándole la tuviese en seguridad
y la guardase de todos los demás. Dando después
su asistencia a Pirítoo, se dirigió con él
al Epiro en busca de la hija de Aidíneo, rey de los Molosos,
el cual dando a su mujer el nombre de Perséfone, a su hija
el de Core, y el de Cerbero a un perro, había decretado
que los pretendientes de su hija combatiesen con éste,
y la alcanzara el que lo venciese; mas habiendo entendido que
éstos no venían como pretendientes, sino como raptores,
los prendió, y de Pirítoo al punto se deshizo, despedazándolo
el perro; pero a Teseo lo mantuvo en prisiones.
XXXII. A esta sazón Menesteo, hijo de Peteo, que lo fue
de Orneo, y éste de Erecteo, siendo, según se cuenta,
el primero que concibió el plan de hacerse enteramente
popular y hablar según su gusto a la muchedumbre, sublevó
e irritó a los principales, que ya de suyo no se acomodaban
al mando de Teseo, estando en la opinión de que, con reunirlos
a todos en una ciudad sola, había quitado a cada uno de
los patricios su mando y autoridad propia, para sujetarlos y esclavizarlos
a todos ellos: indispuso también y alborotó a los
demás con decirles que se les había puesto ante
los ojos como un sueño de libertad, y en el efecto se les
había privado de sus patrias y templos, para que en lugar
de muchos justos y legítimos reyes sólo acatasen
por señor a un extranjero advenedizo. Mientras él
traía entre manos estas cosas, dio gran fuerza a estas
novedades la guerra con la venida de los Tindáridas; habiendo
quien diga que vinieron precisamente a instigación de aquel.
Y al principio ninguna hostilidad cometieron: solamente reclamaban
a su hermana Helena; pero habiéndoseles respondido por
los de la ciudad que ni la tenían ni sabían dónde
paraba, trataron de recurrir a las armas; entonces Academo les
reveló que estaba oculta en Afidnas, habiéndolo
entendido no se sabe cómo: por lo cual en vida le tuvieron
el honor los Tindáridas, y después en las muchas
ocasiones que los Lacedemonios hicieron incursión en el
Ática, y talaron todo el país, respetaron a la Academia
por consideración a Academo; pero Dicearco refiere que
de Arcadia vinieron en el ejército con los Tindáridas
Equedemo y Marato, y que del primero tomó nombre la Academia,
y el pueblo de Maratón del segundo, que voluntariamente
se entregó a la muerte, adelantándose a las filas,
conforme a cierto oráculo. Encaminándose, pues,
a Afidnas, y tomándola por armas, la destruyeron. Dícese
que allí pereció Álico, hijo de Escirón,
que militaba con los Dióscuros; por el que en las tierras
de Mégara se llamo Álico cierto sitio en el que
se enterró su cadáver; pero Hereas refiere que Álico
fue muerto en Afidnas por mano del mismo Teseo, dando por prueba
aquellos versos, relativos al propio Álico, Al que de Afidna
en el tendido campo, Teseo, a causa de la rubia Helena, en reñido
combate dio la muerte; pero va fuera de razón el que, presente
Teseo, se cautivase a su madre y se tomase a Afidnas.
XXXIII. Tomada Afidnas, y hallándose recelosos los ciudadanos
de Atenas, persuadió Menesteo al pueblo que admitiesen
en la ciudad y obsequiasen a los Tindáridas, como que sólo
venían a hacer la guerra a Teseo, autor de la violencia,
y a ser bienhechores y redentores de los demás; con lo
que conforma la conducta que tuvieron: porque siendo dueños
de todo, ninguna otra cosa exigieron sino que se iniciasen, no
teniendo menos deudo con la ciudad que Heracles, lo que les venía
de que Afidno los había adoptado como a Heracles Pilio.
Tributáronseles honores como a dioses, siendo saludados
señores con la voz Ánaces, o por la moderación
con que procedieron, o por su cuidado y esmero en que nadie tuviese
que padecer con tener dentro de los muros tan grande ejército:
porque ánaces se dice de los que cuidan y protegen a algunos,
y quizá por esto se da a los reyes el nombre de Ánaces,
aunque hay quien diga que se llaman Ánaces los Dióscuros
por la aparición de su signo celeste, a causa de que los
del Ática el adverbio arriba, que es Üvù, lo
expresan por ÜíåxÜæ, y por ávåxáèov
el adverbio de arriba.
XXXIV. Refieren que Etra, la madre de Teseo, hecha cautiva, fue
llevada a Lacedemonia, y de allí a Troya con Helena; y
que esto lo confirma Homero, diciendo que siguieron a Helena La
Piteide Etra, con Climene, la de los bellos y rasgados ojos. Mas
otros desechan este verso y la fábula de Munico, al que
dicen haber tenido Laódice escondidamente de Demofonte
y haber sido criado por Etra en Troya. De otra parte, Istro, en
el libro decimotercio de las Cosas áticas, hace una narración
particular y bien diversa de ésta, como que afirmaban algunos
que Alejandro, al que en Tesalia se da el nombre de Paris, había
sido vencido por Aquiles y Patroclo junto al Esperquio, y que
Héctor, habiendo tomado la ciudad de los Trecenios, la
había destruido, y se había llevado consigo a Etra,
que allí había sido cautivada; pero todo esto va
muy fuera de camino.
XXXV. Hospedando después el rey de los Molosos Aidoneo
a Heracles, y haciendo casualmente conversación de lo ocurrido
con Teseo y Pirítoo, así de lo que habían
venido a ejecutar, como de lo que en castigo habían padecido,
Heracles lo llevó muy mal, por haber el uno muerto ignominiosamente,
y estar para suceder lo mismo al otro; y respecto de Pirítoo,
no pudo hacer otra cosa que afeárselo; pero en cuanto a
Teseo se le pidió, y le rogó que le hiciese esta
gracia. Concedióselo Aidoneo, y suelto ya Teseo, volvió
a Atenas, donde no habían sido del todo sojuzgados sus
amigos; y cuantos templetes tenía, por haberlos levantado
en su honor la ciudad, todos los consagró a Heracles, y
los llamó Heracles en vez de Teseos, a excepción
solamente de cuatro, según testimonio de Filócoro.
Queriendo volver otra vez a mandar y ponerse al frente del gobierno,
como antes, dio en grandes alborotos y revueltas; porque halló
que los que de antemano le odiaban, ahora ya con el odio habían
juntado el no temerle, y a la mayor parte del pueblo la encontró
asimismo corrompida, y que quería que la adulasen en vez
de ejecutar sumisamente lo que se le prescribía. Intentó,
pues, usar de la fuerza; pero la muchedumbre se le opuso, y se
le sublevó; finalmente, desesperado de salir adelante con
su empresa, envió sus hijos a la Eubea, a poder de Elefenor
el de Calcodonte, y él mismo, haciendo, solemnes imprecaciones
desde el Gargueto contra los atenienses, en el lugar donde está
ahora el Araterio que llaman, se encaminó a Esciro, donde
creía tener amigos y ciertos terrenos de familia. Reinaba
entonces en Esciro Licomedes; dirigióse, pues, a él,
y trató de recobrar sus terrenos, porque quería
establecerse allí; aunque dicen que le rogó le diese
ayuda contra los atenienses. Mas Licomedes, o temiendo la grande
fama de tal varón, o queriendo complacer a Menesteo, tomándole
consigo, le llevó a las mayores eminencias de aquella parte,
como para mostrarle los terrenos, y acabó con él
precipitándole de aquellos derrumbaderos. También
hay quien dice que por sí mismo resbaló y cayó,
paseándose después de comer, como lo tenía
de costumbre. Y por lo pronto, nadie tuvo cuenta de él
después de muerto, sino que quedó reinando en Atenas
Menesteo; y sus hijos, criados como unos particulares, fueron
con Elefenor a la expedición de Troya; pero habiendo fallecido
allá Menesteo, cuando volvieron recobraron el reino. Más
adelante, entre otras cosas que movieron a los atenienses a venerar
a Teseo como un héroe, concurrió el que a muchos
de los que en Maratón pelearon contra los Medos les pareció
que veían la sombra de Teseo que, armada delante de ellos,
perseguía a los bárbaros.
XXXVI. Después de la Guerra Médica, siendo arconte
Fedón, consultaron los Atenienses el oráculo, y
respondió la Pitia que recogieran los huesos de Teseo y
los tuviesen y guardasen con veneración. Había gran
dificultad en recogerlos, y aun en descubrir su sepulcro, por
la insociabilidad y aspereza de los Dólopes, habitantes
de la isla; mas habiendo Cimón conquistado la isla, como
se dice en su Vida, y teniendo grandes deseos de hacer este hallazgo,
sucedió que un águila empezó a escarbar con
el pico y revolver con las uñas en un terreno algo elevado;
y pensando en ello, como por divino impulso, cavó en el
mismo sitio. Encontróse en él el hueco de un cuerpo
más grande de lo ordinario, y a su lado una lanza de bronce
y una espada; y conducidas estas cosas por Cimón en su
nave, alegres los Atenienses, los recibieron con gran pompa y
sacrificios, como si el mismo Teseo entrase en la ciudad, en medio
de la cual yace cerca del Gimnasio; y su sepulcro es asilo para
los esclavos y para todos los miserables, que se acogen a él
por temor de los poderosos, así como Teseo se constituyó
en protector y amparador, y se prestó con humanidad a los
ruegos de los menesterosos. Celébranle el gran sacrificio
en el día 8 del mes Puanepsion que fue en el que volvió
de Creta con los mancebos; y aun en los demás días
8 le dan culto, o porque de Trecene llegó la primera vez
en el día 8 del mes Ecatombeón, según refiere
Diódoro el Geógrafo, o juzgando que este número
le conviene mejor que ningún otro al que era tenido por
hijo de Neptuno, porque también veneran a éste en
los días 8; y es que siendo este número el primer
cubo desde el primer par, y el duplo del primer cuadrado, tiene
en sí como propia la permanencia e inmovilidad de aquel
dios, que tiene los nombres de Asfalio y Gayeoco.
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